Tír Na Nóg

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Tír Na Nóg (Tierra de jóvenes, en irlandés) es un fragmento de la Sinfonía Celta que Alan Stivell compuso por allá, los principios de los 80′ del pasado siglo. Como todas las cosas de Stivell lo tangencial (una línea que toca el círculo pero no está dentro de él) es un valor presente en sus trabajos (y si se me permite, humildemente, también en los míos). Así podemos escuchar una sinfonía, con la voz incorporada como un instrumento más.
Pero es que la obra profundiza en las raíces del celtismo más puro evocando la energía del druida y desde ahí expandiéndose hacia todo lo tribal de los cuatro puntos cardinales. Por eso escuchamos irlandés antiguo y moderno, escuchamos sánscrito, berebere, farsí y otras lenguas minoritarias. Todo ello no exento de un mensaje mucho más fuerte de lo que a simple escucha pueda parecernos.

A mi, personalmente siempre me ha inspirado, desde esas épocas de los ochenta, este verso de la obra:

Lago profundo, ajeno al tiempo
donde se encuentra lo que se ve
así como lo que no se puede ver.
Donde resuenan amplificadas, la vida animal
la vida vegetal y mineral, así como la vida de las estrellas
y las demás formas de vida.
Tú, que aprecias los deslizamientos de la Luna
y la menor perturbación solar; a ti que te sacuden todos los vientos
y todos los latidos del corazón de la Tierra.
Lago profundo, tu que aboles el tiempo,
que serás antes que nosotros y que ya eras después de nosotros,
a ti me dirijo y a ti te pregunto.
Tu que sabes el futuro, tu que conoces las alegrías y las penas,
¡Ayúdame a soportar lo inevitable!

Puedes escuchar la sinfonía entera (1 hora y 11 minutos) en este enlace


sábado por la mañana

©Ricard Pardo

Entre muros centenarios en el patio trasero de una casa que es ahora un restaurante. Mecidas por un viento ligero y fresco en este sábado del que cuando era niño llamábamos el mes de María. En aquel entonces de tiernas ingenuidades y creencias católicas, la mesita de noche dejaba un espacio para colocar un estampa mariana y un vasito con agua contenía un pequeño ramillete de flores frescas que cambiábamos cada pocos días.
Que fácil era todo entonces. Ahora la escapada con los dos amigos daba forma a una especie de tres mosqueteros sin mosquete. La conversación girando alrededor de la situación pandémica y política.
Qué gozo respirar el olor de los jazmines, degustar una cerveza fresquita bajo los arcos soportales de una plaza medieval con el fondo musical del canto de los pajarillos. Que sabor de esperanza el empezar a ver el movimiento contenido y prudente de las gentes que llevamos tanto tiempo soportando restricciones.
Me fijo en una niñita que alcanza a duras penas, los doce meses de edad, caminando aún torpemente bajo la vigilante mirada de la madre y me enternece el corazón, notando explotar un deseo de bienestar y paz para esa generación incipiente. Ojalá les hubiéramos dejado mejor mundo.

un viaje

A veces, aparecen durezas en la piel del alma.
A veces, uno se pregunta porqué y no encuentra respuesta. Al menos no, de momento.
No hay limas, ni piedras pómez que valgan. A veces uno busca el bálsamo de la comprensión de un amigo, pero eso también puede ser un riesgo, porque puede topar de bruces con una incomprensión debida quizás, a un momento de euforia que no le permite desplegar la empatía necesaria. Entonces es cuando uno puede llegar a sentirse inmensamente solo. Donde se buscaba consuelo, se recibe alguna frase hecha como una forma sutil de palmadita en el hombro. Es peor, es lesivo.
La vida enseña que en esas circunstancias, donde no hay un motivo claro que justifique el desánimo, solo el recogimiento, el silencio y la introspección son las herramientas adecuadas que pueden dar forma al remedio.
Y es curioso, porque en estos periodos de balanceo entre el desánimo y esa especie de encefalograma plano en que todo te da igual, súbitamente aparecen destellos de sensibilidad creativa que son brillantes pero insuficientes como para provocar un despertar que te lleve a la acción. Solo puedes, con cierto esfuerzo apuntarlos en el cuaderno del corazón, para que no se te olviden.
Tomaré entonces esa nave estelar que me lleve por el túnel que conduce hacia mi interior y visitaré mis galaxias más ocultas, recorreré silencioso por mis constelaciones más privadas en busca de esa música callada que reverbera desde un pasado lejano capaz de aflorar una sabiduría olvidada.
Y si la vida quiere, volveré con una humilde sonrisa pidiéndome perdón y amándome de nuevo.

Ojo con el grifo

La pregunta de siempre: ¿Y ellas, qué?

Sinceramente, espero que en la Comunidad de Madrid, abunden los urinarios públicos. Si, porque con tanta “caña a gogó” si no andan con cuidado, igual la bufeta se toma al pie de la letra eso de la “libertad de la señora Ayuso” y abre el grifo sin contemplaciones.

En cuanto al “no encontrarse con el ex”… nivelazo!
Aprende Trump, si quieres volver, fíjate en las ocurrencias de la señora. A su lado eres un puñetero aprendiz.

En definitiva: Con el chorizo “casa mejor” el vino que la cerveza, pero si recordamos aquello de la Botella (la de vino, no; la otra) con su “café con leche” llegaremos a la conclusión de que no avanzamos mucho.
Luego algunos no entienden que otros (los destinatarios del a por ellos) se quieran marchar. Y claro, se les acusa de querer “romper España”
No señores, no. España se romperá ella solita. Al tiempo…
Mucha suerte a todos !




Fotografia: Pinterest C.C.

Permanecer atento

©Ricard Pardo. Estación de Girona

Así como en la estación, en la vida, si no es tu tren, déjalo pasar. Pero siempre será preferible observar como pasa; el modo en que se acerca y como luego se aleja. La indiferencia y la distracción no suelen ser buenas fuentes de conocimiento.

de manual

Leo en un “manual para blogueros” unas indicaciones (entre otras más) que me han llamado la atención:

  • Nunca hables en primera persona, si tus contenidos no son “bitácora en exclusiva”.
    Dale formato de relato, aunque sea una experiencia propia. (Insisten: a no ser que tu blog sea una bitácora personal declarada como tal; algo así como un diario o tus memorias).
  • Una entrada de más de 500 palabras está condenada a no ser leída. Incluso los artículos científicos de algunos profesionales suelen ser segmentados en varias entradas.
  • Nunca incrustes más de un video en una sola entrada. Es posible que miren el primero (si no es muy largo). El segundo, será casi un milagro que lo abran.
  • Incorporar música que se inicia sola (autoplay) es de muy mala educación. El lector debe tener la libertad de escucharla o no.
  • El formato de la fuente y también el tamaño importan!
  • Jamás edites, es decir, cambies o añadas algo en una entrada sin avisarlo o dejar constancia con una nota. Especialmente si ya se han añadido comentarios de los lectores.

Y la verdad, lo veo acertado y procuraré tenerlo en cuenta.