Inventando

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Ciertamente José, mi abuelo, era una persona entrañable. Dicharachero, dialogador y alegre. Pero siempre recordaré como poco antes de morir, una tarde de verano, en el patio de nuestra casa, se soltó de golpe con una frase que me sorprendió; más que otra cosa, porque ni venía a cuento de lo conversado hasta entonces, ni tampoco era un tema que surgiera ni a menudo ni menos. A saber que le rondaba por la cabeza…

—Si Dios no existiera, habría que inventarlo—

Y se quedó tan ancho, en su asiento, apoyando las manos en su bastón y la barbilla encima de éstas. No añadió nada más. Una mirada como perdida hacia el columpio que colgaba de una gruesa rama de la encina que daba sombra a medio patio. Pasaron como unos veinte segundos y noté que me miraba.

—¿Qué? le dije.
—No crees que tengo razón, habría que inventarlo. Dime que piensas, sinvergüenza— dijo en tono jocoso.

Joder, que pesado… pensé para mis adentros y tras pensarlo muy poco, le contesté:
—Es verdad abuelo, pero no se preocupe, llevamos haciéndolo desde poco después de bajar de los árboles.

El anciano se levantó, no sin dificultad y se encaminó hacia el interior de la casa. Al llegar al dintel de la puerta y antes de pasar, soltó una sonora ventosidad.

—Qué, abuelo, soltando los demonios?
Levantó amenazante, el bastón, agitándolo en el aire.

Si fuera verdad

Si fuera verdad que transitamos infinidad de vidas, si es cierto que después de apagarnos, pasa un tiempo en el que dicen que de un modo que no llego a comprender, volvemos a la vida reencarnando de nuevo en una nueva individualidad corporal, yo pediría tomarme un descanso y por una sola vez materializarme en una flor de pared y grieta. Humilde hija del Sol, silenciosa y despreocupada de su existir. Recibiendo hasta su muerte la sola energía de luz y calor, solo movida por el viento y acariciada quizás, tan solo, por el aleteo de un insecto inquieto. Sin siquiera ser consciente de mi misma, descansaría de los avatares que afligen a los seres humanos. Quizás así, en esa existencia intermedia, lograría vaciarme de las amarguras pasadas y después de ser arrancada de la grieta en la pared que me sostiene y de secarme despacio entre las hojas de una novela de amor, volvería de nuevo a ese estadio intermedio para escoger nuevos padres y nuevo lugar donde renacer de nuevo, esta vez ya dispuesto o dispuesta a volver a sufrir.

Vegetalia

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Un repaso por este album que llamo Vegetalia. Fotografías mucho más convencionales de la parte de la naturaleza que estaba antes que nosotros y seguramente estará después. Es un incrustado desde la aplicación Flickr. Espero que se vea sin limitaciones.
Si pincháis sobre el centro del visor, las podréis ver a mejor tamaño; eso si, debereis soportar publicidad cada pocas fotos (unos segundos, como en YouTube).

Chocheas

Foto: Aorta Gallery, con licencia.

Seguramente te costará de creer, pero ya sabes que no suelo mentir. Te aseguro que es cierto.
Hubo un tiempo en que la gente, cuando viajaban en metro de camino al trabajo y aunque solo fuera por la rutina de encontrar muy a menudo las mismas personas, se saludaban. Incluso si el metro iba muy lleno hablaban entre ellos mientras ocupaban una mano en el agarradero y la otra en su maletín o el bolso.
En aquel tiempo, si el viaje era relajado, solíamos observar el resto del coche-vagón y nos fijábamos en las personas. A veces las clasificábamos de bellas y atractivas, elegantes, ordinarias, desagradables… según fuera. A veces observabas algún pasajero leyendo el periódico de su vecino y comentaban.
Te parecerá increíble, pero en viajes largos en tren, en ocasiones incluso se compartían medios bocadillos y se ofrecía beber de un artilugio de piel que contenía vino; se llamaba bota. Se conversaba sobre temas sencillos, el caso era entablar conversación y hacer mas corto el viaje. Cualquier cosa era excusa; incluso los cambios en el paisaje que pasaba veloz entre los marcos de la ventanilla.

—Abuelo, esto lo debes haber soñado— Contestó el nieto adolescente sin quitar sus ojos de la pantalla de su Samsung de última generación.
El abuelo se entristeció al ver como se colocaba los auriculares. Un modo muy al estilo generación 2.0 de decir “cállate que chocheas”

Buena edición

Fotografía de Irma Hasselberger que creo que puedo decir que interpretamos la fotografía de forma similar

Buena edición! es un comentario recurrente que en ocasiones solemos recibir los que nos dedicamos a la fotografía contemporánea (abstracciones, impresionismo fotográfico, new art, etc.etc. Docenas de nombres). Y suele ser un comentario de cortesía en el que el comentarista quiere afirmar su aprobación, o bien manifestar que aprecia el resultado. No puedo hablar por los demás, pero desde luego yo, los recibo con agrado.
Sin embargo, ¿podemos considerar una edición lo que hago con mis fotografías?
Veamos lo que dicen los diccionarios oficiales sobre el término “editar”

  1. Publicar por medio de la imprenta o por otros procedimientos una obra, periódico, folleto, mapa, etc.
  2. Pagar y administrar una publicación.
  3. Adaptar un texto a las normas de estilo de una publicación.
  4. Organizar las grabaciones originales para la emisión de un programa de radio o televisión.
  5. Inform. Abrir un documento con la posibilidad de modificarlo mediante el programa informático adecuado.

Nos fijamos en la 5 acepción, que en el caso que nos ocupa parece la mas cercana. Pero la praxis fotográfica tienen un límite a la hora de entender lo que significa modificar.
Generalmente modificar tiene el propósito de perfeccionar, corregir e incluso alterar “la apariencia” de una imagen. Es decir, el autor de la edición, trabaja “la” imagen. Sea suya o de otra autoría. Pero trabaja “la” imagen.

En mi forma de trabajar (y me consta que otros que se centran en la fotografía contemporánea*) no puedo entender los procedimientos como un trabajo sobre “la” imagen; acaso a lo sumo, aceptaría hablar de trabajar “con” la imagen ( y muchas veces, no una sola).

Para explicarme (espero) un poco mejor, trataré de usar una analogía:

Un pintor con un lienzo en su caballete, empieza a trazar con su carbonilla, un boceto. Y eso genera una imagen que podríamos entender como la base sobre la que se irá construyendo la obra hasta finalizarla. ¿Dirías que está “editando”? No ¿verdad?

Veamos ahora el fotógrafo:
Con su cámara obtiene una imagen (o varias) que refleja un sujeto, objeto, escena, acontecimiento o lo que sea. Y se lo lleva a su estudio. Abre el documento (o documentos) y todo ese material se convierte, en su consideración, en algo semejante a un boceto; en algo como los trazos del boceto del pintor. Obviamente mucho mas documentado gráficamente que un boceto de lápiz o carbonilla, pero es simplemente eso: la fotografía es un lienzo que contiene una imagen para trabajar “con” ella y como digo muchas veces, añadiendo elementos gráficos de otras imágenes.
La imagen inicial puede llegar casi a desaparecer y en ocasiones, con la inclusión de otras, se convierte en algo ni identificable con lo que fue, en el momento de la toma, la escena o sujeto/objeto en cuestión.

En definitiva, sin tratar de dogmatizar al respecto, yo sugeriría hablar de transformaciones creativas y no de ediciones, pero en cualquier caso, supongo que como los demás, recibo los comentarios con mucho agradecimiento.