Los riesgos que afrontamos

Si la confianza en las instituciones desaparece, nuestra civilización se vendrá abajo.  (Yuval Noah Harari)

 

Como suelo decir muy a menudo: “si tienes ” (en este caso) 49 minutos utilízalos dando preferencia a escuchar ( y si no sabes inglés están los subtítulos), para poder incorporar en tus criterios sobre la actual situación de la sociedad, algunos valores argumentales más. Y si no tienes 49 minutos o no quieres emplearlos en esto; pues nada, ancha es la pradera. 
La gran ventaja de estos videos, es que además de estar perfectamente subtitulados* te permiten ir parando y arrancando tantas veces sea necesario. Paras la entrevista (pulsar la barra espaciadora) por ejemplo, para tomar una nota. Puedes retroceder (con las teclas de dirección ◄izquierda o derecha ► y a razón de 5 segundos por pulsación. 
A riesgo de hacerme pesado, de vez en cuando aparecerán propuestas como esta.
*Deberían funcionar los subtítulos (si todo está bien en tu máquina) pero si no es así, puedes situar el cursor en la parte inferior de la ventana del video y aparecerán unos iconos. El segundo que recuerda remotamente a una radio, debe tener una línea roja en su parte inferior. Si no pínchalo y deberían aparecer los subtítulos. 

 

Mitos

Los mitos son tan antiguos como el hombre. Muchas de las pinturas rupestres, que tradicionalmente se han interpretado como intentos de plasmar cotidianidades, escenas de caza y asuntos relacionados con las comunidades de aquel tiempo, en realidad esconden intentos de plasmar de una forma simbólica mitos ancestrales que estaban firmemente implantados en el pensamiento de aquellas gentes. 
Los mitos han servido y aún sirven para explicar cosas aparentemente inexplicables en cada momento de la historia del conocimiento, como la creación del mundo, el embarazo, la muerte, etc, y también sirven  para entender las emociones humanas.

La psicología (especialmente Jung) trabaja con los mitos, los dioses, las tragedias míticas, etc. El modo en que el individuo asume las mitologías desvela mucho de sus tendencias, inclinaciones y carácter en general. También los antropólogos estudian y comparan los mitos de diferente entornos culturales puesto que el mito es un reflejo de la mentalidad de un pueblo, de su sexualidad, de su manera de ver el mundo,  del modo en que ven el amor, etc. y a través de este estudio podemos comprender mejor su idiosincrasia.
Pero el mito, debe ser integrado en el conocimiento y nunca debería suplantar a la realidad de las cosas. Pocas cosas son mas importantes en la psicología de la persona, como su capacidad de quitar el velo que oculta el conocimiento de las cosas. El velo, es aquí, el mito que no permite ver la realidad de las cosas. Solo pondré un ejemplo:
Tradicionalmente se ha dado por cierto, que la menstruación de las mujeres, su ciclo menstrual, estaba influenciado por la Luna. Aún hoy en día hay un porcentaje enorme de convencidos, cuando en realidad no tienen nada que ver. El ciclo menstrual de la mujer, sabemos que es variable y que oscila entre 21 y 35 días, además del hecho de que cambia o puede cambiar a lo largo de la vida. En cambio la Luna tiene un periodo (lunación) exacto e invariable de 29,53 días. 
Sin embargo el mito persiste. El mito que además se extiende, afirma que la mujer está sujeta a la influencia selenita.

Va venga… otro más y ciertamente extendido:

Los seres humanos, solo usamos el 10% de nuestro cerebro. ¿Quien no ha oído esta afirmación?

Si bien algunos políticos no llegan ni a eso, lo cierto es que este mito quizás se popularizó debido a que nueve de cada diez células en el cerebro son lo que se denomina neuroglias o células gliales, que son células de apoyo y proveen asistencia física y nutricional al otro 10% de las células, las neuronas, que son las encargadas de “pensar”. Los neurólogos afirman que, en realidad, el ser humano utiliza prácticamente el 100% del cerebro para realizar cualquier actividad. Y no solo eso, sino todo el sistema nerviosos!! 

Desde el punto de vista evolutivo, el mito de que sólo usamos el 10 por ciento de nuestro cerebro no tendría cabida, ya que si de verdad no se utilizara el restante 90% del cerebro, sencillamente no tendría sentido la existencia del ser humano, dicho de otro modo, no habríamos bajado de las ramas de los árboles.
El neurólogo y neurocientífico Barry Beyerstein (en inglés) detalla que la mayor parte del día utilizamos casi el 100% de nuestro cerebro, incluso mientras dormimos. “Si no usáramos el 90% de nuestra mente, nuestro rendimiento no debería verse afectado cuando se lesionan ciertas áreas del cerebro”, argumentaron.
Sobreabundan los mitos de origen religioso, pero no son los únicos
¿Cuales son los mitos que has superado?

Cariño mio.

Cariño, aprovecha hoy, porque a partir de mañana nos quedaremos en casa.
No quiero que cojas el Corona virus.

A veces pienso que el comportamiento humano es de los más extraños que podemos encontrar en todos los reinos del planeta; animal, vegetal o mineral. Y me pregunto donde estará la cúspide de la curva de Gauss de la evolución humana, si es que ésta tiene una curva o campana de Gauss aplicable.
Soy incluso capaz de aceptar este comportamiento que al fin y al cabo no perjudica a nadie, pero disto mucho de entender y más aún de imaginar que circunstancias pueden ocasionar el hastío hacia sus semejantes al punto de preferir convivir y llegar a sentir afectos y pasiones por un pedazo de silicona. Que puedo decir…
Me mueve a compasión. 
No! la muñeca, no; el “usuario” 

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La historia, aquí

Privacidad, otra vez.

Hace unos días, hablábamos de la privacidad.
Hoy, estaba repasando entradas antiguas en Microsiervos,  -el mejor blog multitemático que hay en lengua española, según mi opinión- y he descubierto esta perla. Se trata de una pintada en una calle de Manchester (UK) fotografiada por el twittero @jjturner (Jon Turner) y que refleja claramente lo que socialmente entendemos como vulneración del derecho a la privacidad.

En el futuro, todo el mundo querrá ser anónimo durante 15 minutos

Ese futuro que se menciona ya está llegando y el deseo que expresa, se contrapone a los famosos 15 segundos de gloria que todos desean tener. (dicen).

La inteligencia está reñida con la amistad?

Reproduzco aquí, con los créditos pertinentes este artículo de la Sra. Raquel Lemos Rodriguez publicado en la web La Mente es Maravillosa y que me llega justo en unos días en que estaba reflexionando sobre mi grado de socialización -no por mi exuberante 😁 grado de inteligencia- sino más bien relacionado con mis recientes cambios de domicilio (población) y el tema de la edad que también tiene su influencia sobre esta cuestión. 
Me llama especialmente la atención porque tengo varios amigos que son realmente un ejemplo del planteamiento de este estudio (uno de ellos el amigo Takumi. El otro mucho más cercano). En nuestras conversaciones me dejan bien patente que cada vez se sienten más cómodos -no con su soledad- que en realidad no padecen, sino con un cierto grado de “retiro” y falta de socialización.
No es mi caso, ni por la inteligencia mencionada, ni por otra circunstancia, aunque sí reconozco que poco a poco voy tendiendo más a sentirme cómodo. 
Será estupendo contar con vuestras opiniones, aunque reconozco que el post es excesivamente largo y quizás un poco áspero si no es un tema que interese. En fin… aquí está el artículo:

Publicado el 5 de Junio 2019. Enlace al artículo original

Las personas inteligentes tienen menos amigos.
No se considera inteligente tener pocos amigos, sino todo lo contrario, carecer de amigos te relega al grupo de los «bichos raros», esas personas a las que no les gusta relacionarse con los demás. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Es verdad que tener menos amigos es extraño? Algunos dicen que es sinónimo de personas inteligentes.Una afirmación revolucionaria que ha hecho que muchas personas se hayan sentido identificadas, mientras otras han abierto sus ojos asombradas.Un estudioha revelado que las personas inteligentes tienen muchos menos amigos, tal vez porque actúan de una forma bastante distinta a la que estamos acostumbrados.
Los psicólogos Satoshi Kanazawa y Norman Lee llegaron a la conclusión de que las personas que viven en lugares con alta densidad de población se sentían menos felices.
Las personas inteligentes y los amigos.
Quizás entiendas por personas inteligentes aquellas que cuando estudiaban sacaban muy buenas notas y siempre tenían un libro entre sus manos. Ellas preferían pasar su tiempo en la biblioteca adelantando los ejercicios que les había mandado el profesor. Socializar no era una situación que necesitasen, es más, se mostraban felices en su soledad.La mayoría de las personas necesitan reunirse de forma habitual con amigos u otras personas que compartan su forma de pensar para ser felices.
La soledad y la independencia.
Las personas inteligentes se encuentran en armonía con ellas mismas y socializar no es una prioridad que tengan en mente.Esta declaración ha sido acogida por muchos con bastante familiaridad, un mito que habían escuchado, pero del que nunca ha habido ninguna comprobación ni estudio aparente. Hasta este momento, en el que ha salido a la luz las estadísticas que confirman que esta leyenda era real.El estudio que se llevó a cabo por la London School of Economics y la Singapore Management University reveló quelas personas con un coeficiente intelectual mayor no necesitaban interactuar tanto como las demás personas para sentirse bien.En cambio, las personas con un coeficiente intelectual mucho menor sí revelaban esa tendencia a socializar, a pasar más tiempo conociendo gente. Esto demostró que las personas inteligentes van a contracorriente con respecto al resto de la población. No hacen lo que se considera «normal». Ellas son felices sin una vida social tan activa. En la investigación participaron 15.000 personas de entre 18 y 28 años. Un rango de edad bastante joven donde la necesidad de interacción y de conocer a otras personas es mayor. A pesar de esto, las personas inteligentes no se sentían tan felices cuando socializaban con los demás. Esa agradable sensación de estar con otras personas y conocer a otras nuevas ellos no la percibían igual, lo que resultó muy significativo.

Son muchas las personas que tienen serios problemas con la soledad y con la dependencia emocionalNo nos han educado para vivir al margen de todo y de todos, sino al revés. Somos seres sociables que tenemos la capacidad de disfrutar en compañía e incluso a veces parecemos necesitar esa compañía. Pero, ¿qué ocurre cuando eres feliz en soledad?El estudio demostró que las personas inteligentes se encontraban mucho más satisfechas cuando pasaban tiempo a solas. Esto no quiere decir que se apartasen del mundo, claro que interactuaban con el resto del mundo, pero con personas cercanas y familiares.Las personas inteligentes cuentan con los dedos de una mano a sus amigos y, si les fallan, no tienen problema en seguir adelante. Ellas se encuentran preparadas para afrontar la vida sin necesidad de ningún apoyo. En contraste con muchas personas, no dejan su felicidad en manos de los demás.De esta forma son mucho más independientes y disfrutan de su soledad, algo que para muchos es impensable. Con respecto a esto, en la investigación se tuvo en cuenta la savanna theory, una teoría que se centra en la evolución de nuestro cerebro desde los inicios hasta nuestros días.Cuando el Homo Sapiens se encontraba dando sus primeros pasos por este mundo no se separaba del resto, sino que convivía con el resto en grandes espacios abiertos. Eran muy pocas personas y para protegerse y sobrevivir formaban lo que hoy denominamos «una piña».Las personas inteligentes se sienten como en esos sitios tan amplios y solitarios, con pocas personas a su alrededor. Por eso están preparadas para enfrentar los retos por su cuenta, sin ayuda, sin apoyo por parte de desconocidos. Ellas están seguras de sí mismas y quizás contar con otras personas que no conocen podría ralentizar sus objetivos.

Las personas más inteligentes que han aportado grandes inventos al mundo no se han caracterizado precisamente por su sociabilidad. Quizás, sus proyectos y sus metas las hacían mucho más felices que interactuar con los demás. El mismo Satoshi Kanazawa de la London School of Economics lanzaba otra afirmación bomba: las mujeres más inteligentes o no tenían hijos o los tenían tardíamente.

Tiene su lógica si echamos una mirada al mundo. Las personas con más estudios, que han realizado una carrera o algún otro tipo de formación, no tienen hijos hasta pasados los 30 años. En cambio, muchas que dejaron los estudios a niveles de la ESO y el Bachillerato, ya tienen una familia formada con uno o más hijos.Parece que ser más o menos inteligente tiene mucho que ver con nuestra dependencia y el rumbo que tomará nuestra vida. Según el estudio presentado, una mayor o menor inteligencia nos llevará por un sendero u otro.

Raquel Lemos Rodríguez
Graduada en Estudios de Gallego y Español
 por la Universidad de Vigo (2013). Máster en Lingüística Aplicada, Lenguas y Tecnologías(Universidad de Vigo, 2015). Título de Experto en Herramientas de Marketing de Google y Social Media Marketing (Universidad Rey Juan Carlos, 2017).

📷 Imagen de Annie Spratt en Pixabay

Cuidado con la prepotencia

Demasiadas veces, aún hoy, se habla de los neandertales, con cierto aire de superioridad. Descubierto a finales de la segunda década del siglo XIX y reconocido como especie en 1856, viene siendo tradicionalmente relacionado con la idea de que se trataba de un ser humano inferior, comparativamente hablando con la especie humana que ocupó su lugar, el homo sapiens. 
Pero si queremos ser un poco mas comedidos en las valoraciones y objetivos a medida que vamos conociendo, deberíamos hacernos esta reflexión:
Del Homo Neanderthalensis sabemos que estuvo poblando Europa, Oriente Medio y Asia entre 200.000 (en el peor de los casos) y 380.000 años. Durante ese periodo de tiempo  y ya desde sus principios este “torpe” tuvo que lidiar con dificultades medioambientales que dudo mucho que hoy supieramos afrontar, ni después de 200 cumbres climáticas. Sobrevivió a varias glaciaciones extendiendose desde el norte de Europa en sus inicios hacia zonas mas templadas en los episodios de glaciación. 
Los Neandertales habitaron el viejo continente durante casi cuatrocientos mil años, para después dejar paso a nuestra especie, que llegó hace apenas 40.000 años a Europa. Estas dos especies se cruzaron en Oriente Medio, durante miles de años tuvieron tecnologías semejantes y presentaron rasgos culturales similares. Está por demostrar con mejor precisión hasta que punto el homo sapiens influenció en su extinción, así como saber hasta que punto aprendimos de ellos. En una época de retos como la actual, con problemas de la envergadura del cambio climático, no está de más recordar que la extinción no es algo ajeno al linaje humano.
Nosotros llevamos en el planeta como especie diferenciada solo la décima parte de lo que ellos. 
¿Alcanzará nuestra especie su longevidad? 
¿Lo conseguiremos porque somos más listos? 
¿Seguro?

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Fotografía de Matt Celesky (foto original), Lourdes Sada (traducción) – https://www.flickr.com/photos/hmnh/3033749380/ (foto original), CC BY-SA 2.0, Enlace