Si fuera verdad

Si fuera verdad que transitamos infinidad de vidas, si es cierto que después de apagarnos, pasa un tiempo en el que dicen que de un modo que no llego a comprender, volvemos a la vida reencarnando de nuevo en una nueva individualidad corporal, yo pediría tomarme un descanso y por una sola vez materializarme en una flor de pared y grieta. Humilde hija del Sol, silenciosa y despreocupada de su existir. Recibiendo hasta su muerte la sola energía de luz y calor, solo movida por el viento y acariciada quizás, tan solo, por el aleteo de un insecto inquieto. Sin siquiera ser consciente de mi misma, descansaría de los avatares que afligen a los seres humanos. Quizás así, en esa existencia intermedia, lograría vaciarme de las amarguras pasadas y después de ser arrancada de la grieta en la pared que me sostiene y de secarme despacio entre las hojas de una novela de amor, volvería de nuevo a ese estadio intermedio para escoger nuevos padres y nuevo lugar donde renacer de nuevo, esta vez ya dispuesto o dispuesta a volver a sufrir.

Meditaciones 8.1.21

 Y es en ese espacio de silencios prolongados, de cortinas tiradas y por donde apenas se cuela un rayo de sol que quizás provoque un imaginario escalofrío en las hojas de una planta. Y donde el vaivén rítmico, sosegado y cada vez más lento de un pecho que respira, inunda la consciencia de una paz amorosa y compasiva que aquieta una mente a veces loca, a veces sabia, a veces enigmática y que se acurruca en un rincón de quién sabe dónde…?

Y es en ese espacio de sonidos insonoros, de músicas calladas, donde un amor sin dirección concreta vuela sin rumbo fijo como una flecha sin punta que se vuelve mariposa.
Ojos entornados y fijos en un punto que ven pero no miran. Finalmente también cierran sus cortinas.
La percepción de un aire fresco al inhalar y cálido y húmedo al exhalar como si con él se fueran los fuegos interiores de pasiones destructoras. Y pasan los minutos y el tiempo se detiene. Un día, será para siempre.

Un poco de mi


En el cosmos interior (1985)

Dicen los astrólogos humanistas, los que no pretenden hurgar en el futuro, sino en las características psicológicas de los individuos, que los tránsitos de los planetas sobre los puntos importantes de la carta natal de los individuos muestran cambios también importantes en su desarrollo, formación, crecimiento o evolución (o como más te guste llamarlo).
Dicen que uno de los tránsitos importantes es el que ellos llaman el retorno de Saturno; es decir, el tiempo en que Saturno vuelve a ocupar el lugar en el Zodiaco, que ocupaba en el momento de nuestro nacimiento. Y eso ocurre siempre alrededor de la época en que cumplimos entre 29 y 30 años más o menos. Eso es lo que tarda ese planeta en dar una vuelta completa alrededor del Sol. (29,4 años)
Los astrólogos para intentar prevenir que tipo de cambio representará esa época en la persona ya adulta, investigan con su ayuda, como fueron las fases de crecimiento personal en los tránsitos intermedios. Así miran episodios de la vida del individuo a sus siete, catorce y veintiún años más o menos. Y tienen en cuenta, en base a sus teorías empíricas otras variables. 
Confieso que en un tiempo sentía una cierta fascinación por la Astrología, al punto de que quise saber un poco más y cursé durante tres años. Llegué a una conclusión fatal: Todas las interpretaciones están siempre teñidas por el inevitable filtro psicológico del interpretador (el astrólogo) y al mismo tiempo también llegué a la conclusión de que quizás pueda ser de cierta utilidad para un psicólogo, que verá, analizará e interpretara “como reaccionas tu a las interpretaciones astrológicas que te presenta. Eso le dirá cosas de ti. Pero nada mas; no concluyo que sea nada fiable. 
Pero… todo tiene un pero: Algunas cosas me siguen fascinando y asombrando. 
El retorno de Saturno, debe tener tanta fuerza simbólica que siempre cumple expectativas sobre su interpretación. Pondré un solo ejemplo para no alargar esta cháchara: Jesucristo, empezó su vida pública podo después de sus 29,5 años de edad. Dice la Biblia que estuvo en Egipto alrededor de su época de transito llamado cuadratura, (entre los doce y catorce años).  
En mi Saturno retornado ocurrieron cosas muy “de peso”. Mi vida cambió a partir de los 28 acercándose el retorno: Empezaron los problemas de convivencia con mi mujer. El matrimonio ya no era lo que debía ser y aunque no hubo separación y divorcio hasta más tarde, el cambio fue fundamental. En esa época, también tomé otra decisión que provocó mucho cambio y madurez en otras áreas del crecimiento personal: Dejé mi trabajo para abrir mi primera tienda de fotografía y dedicarme exclusivamente a ese mundo profesional. 
Y finalmente otro cambio fundamental fue el contacto con la meditación. Y tuve la enorme suerte de conocerla en un aprendizaje que comenzó a los veintisiete años y durante tres años de la mano de un buen profesor (Dios me libre de llamarlo maestro; que me mata) y amigo. Con altos y bajos, pero ha formado parte de mi vida desde entonces. Algo que creo que deberé agradecer por eones.
Pero Saturno no se para en su primer retorno. Sigue transitando. En otro tránsito de Saturno, esta vez una cuadratura, me casé de nuevo e incluso estuve en un periodo, cercano y convencido a una religión. Y podría seguir con el señor Saturno y como ha ido marcando acontecimientos en mi vida y sus cambios. Diagnóstico y tratamiento de un cáncer en otra cuadratura y no sigo porque se acerca otra y no quiero hacer cábalas. 

Conclusión: 
Pero bueno Ricard ¿tú crees en la Astrología?
—No. No creo ni en la Astrología ni tengo ninguna clase de fe, religiosa. No creo en mitos, ni dioses ni en mancias. No creo en agoreros, ni adivinadores de porvenir. No creo en nada que no sea demostrable con hechos empíricos. Pero, mucho cuidado, lo contemplo todo. Prefiero la confianza a la fe. Y esa confianza incluye esa inquietud universal sobre la transcendencia y el más allá. En realidad no sabemos absolutamente nada, sin embargo creemos saber muchas cosas. En cualquier caso pienso que puedo hacer dos cosas: negarlo absolutamente,  como hacen algunos con una firmeza que a mi se me antoja pura soberbia o vivir confiado en que aquello que no está a mi alcance ya se presentará en su día. Y como me gusta decir: nadie habrá para burlarse de los creyentes diciéndoles — ¿lo ves? estabas equivocado.— 

Mientras viviré, como siempre decía mi madre, que lo resume de forma insuperable: “como es debido”

Padremadrenuestro

Puede que llamarlo nuevo padrenuestro y además añadiendo el concepto madre, resulte en malas interpretaciones sobre las intenciones del autor. Puede que alguien llegue a interpretarlo como un desafío o una propuesta sustitutoria de la oración revelada según la tradición, por Jesús. Pero, después de décadas de amistad con Josep María, tengo la convicción de que se cree cualquier cosa menos profeta. Y por supuesto no pretende nada de lo mencionado. Quizás tenga la justa y merecida pretensión de poder expresar su sensibilidad espiritual.  Sencillamente,  estamos ante un alma encendida por aquello que nuestra naturaleza más transcendente, en mayor o menor medida, sabe detectar: el reconocimiento de lo bello, el resonar de las verdades profundas que vuelan por encima de cualquier creencia y la distinción prístina entre luz y oscuridad; en suma una espiritualidad que se expresa, porque lo necesita y lo hace sin pretensiones; como aquel que ofrece tímidamente un regalo y luego se va silenciosa y discretamente. 
Josep María lleva muchos años escribiendo (en catalán) sobre aquello que tiene que ver con nuestra naturaleza inmaterial. Y lo ha hecho en diversos medios que ahora recoge en un blog sencillo pero profundo que prioriza el pensamiento sobre cualquier otra cosa vehiculándolo con texto puro, sin adornos, sin imágenes complementarias, alejado de interés alguno por comentarios y comentaristas que contrariamente es lo más corriente en estas plataformas. A él, no le interesa, solo le interesa vaciarse y compartir. 
Esta es la invocación, oración, poema o como más te guste entenderlo que nos ha regalado:
El nuevo Padremadrenuestro de la Humanidad

Padre/Madre nuestro que estás en todo sitio y lugar
y en lo más profundo de nuestro Corazón.
Que todo lo penetras
con tu Vida y con tu Amor.
Te cantamos alegres alabanzas
junto con las montañas y los bosques
y nuestros hermanos los animales.
Padre/Madre Soberana de todos los mundos
y de todas las dimensiones de la Realidad,
haz que Tu perfección resplandezca
en nosotros,
y que crezcamos según Tu voluntad
siempre amorosa y poderosa.
Que recibamos hoy el fruto de nuestro trabajo
y no caigamos en el error
ni abrumemos a los demás con el peso
de sus faltas.
Danos la fuerza y el discernimiento
para no caer en el engaño
del egoísmo y la ambición,
y para que, venciendo la ignorancia y el mal
podamos acercarnos a Ti,
a tu inefable Belleza
y a tu Gozo infinito.
Retornando así a la Luz, nuestro origen,
por toda la eternidad.
Amén. OM.

Imagen de Pavlofox en Pixabay

La edad de la inocencia.

Me ha parecido que el video de la anterior publicación (creo que hay que llamarlas así y no “post” o “entrada” que no consigo que dejen de sonarme raro) gustó a los amigos que tienen la bondad de visitar este cuaderno. Detrás de estos videos; el de hoy si cabe, aún me gusta más, está Andreea Petcu. Una ciudadana de Rumanía que es editora videográfica. Andreea colabora con diferentes artistas audiovisuales y sinceramente consigue con ellos auténticos poemas con imagen y sonido. 
Hoy este poema visual, musicado por Giovanni Marradi me evoca aquella edad de la inocencia perdida. Y no me refiero a la tuya o la mía, sino a la edad de la inocencia humana. Cuando éramos amigos de los animales. Cuando éramos capaces de conectar con la gestualidad de esos misteriosos seres de los cuales pretendemos saber, cuando en realidad no sabemos nada. 
Hubo un tiempo en que la humanidad era como esa niña que vemos en el video. Era un tiempo en que respetábamos el misterio de los seres vivientes; plantas y animales. Un tiempo en que incluso las piedras eran sagradas. 
Más tarde alguien confuso, tuvo la pretensión de que esa relación de igualdad, de sacralidad y respeto se llamaba animismo y lo catalogó como una forma de paganismo. Lo hicieron a partir de una autoridad auto atribuida, despótica y maligna. Que enorme daño han hecho las ideas mal entendidas de las religiones.
Deberíamos reencontrar esa mirada de inocencia. Respetar la naturaleza como respetamos a nuestras madres. Y para eso, y esto ya es una opinión muy personal, deberíamos convertir nuestra mente el único altar donde celebrar los sagrado. Y a los templos y altares de piedra, deberíamos  convertirlos en bibliotecas, porque el conocimiento es el único dios que necesita esas estructuras. Todos los demás dioses no necesitan nada y menos aún representantes y ministros.

Conocer es conocerse.

El aforismo de los aforismos; la reina de las sentencias:

γνωθι σεαυτόν

gnóthi seautón

temet nosce

conócete a ti mismo

Situado en el pronaos del templo de Delfos, es atribuido por las diferentes tradiciones, a mentes tan ilustres como diversas, como puedan ser las de Heraclito, Tales de Mileto, Sócrates, Pitágoras, etc.etc.
Para unos, sugerencia, para otros orden, para muchos sabio consejo. Su profundidad tiene la dimensión que tu disposición a bucearla le quiera otorgar. Y quizás por eso también los hay  quien piensan “que procede del cielo” directamente. Y cuidado a los que están sonriendo ante esta afirmación; no se olviden de que el mayor porcentaje de su creencia personal, procede hipotéticamente de “libros relevados”. Así que seamos humildes (y sabios a la vez) y aceptemos el paisaje de alternativas, no solo de esto, sino de muchísimas cosas más. 
Conocerse a si mismo, es una labor de mucho tiempo y posiblemente de muchas vidas. Ya el mero hecho de entender la propuesta no es cosa fácil. ¿Qué es conocer? ¿Qué es sí mismo?
Nuestra educación, recibida en la niñez conserva a lo largo de la vida un potencial de influencia que dificulta en gran manera objetivar el estudio de otras posibilidades. Y esto es así al punto de que muchas veces, leer otras opiniones llega a ofender a creyentes circunscritos en su credo, o a sonreír a no creyentes, sean ateos, agnósticos o simplemente negacionistas de todo.  No obstante, si uno desea seguir esa ruta del conocimiento de uno mismo, debería superar esa barrera limitadora y abrirse a otras posibilidades, por muy “exóticas” que le puedan parecer.
Pongamos un ejemplo: La reencarnación.
Con la llegada de la New Age, se popularizaron las formas de espiritualidad y religiosidad orientales y en ese paquete llegó una revitalización de las ideas reencarcionistas. A mis amigos lectores seguramente les sorprenderá el dato de que aproximadamente un 20% de los españoles que se declara creyentes católicos aceptan la posibilidad de la reencarnación sin confundirla con la resurrección anunciada para el llamado juicio final. Y también, una encuesta publicada por el Pew Research Center en 2018 indicaba que un 29 por ciento de cristianos en los Estados Unidos acepta la reencarnación como algo cierto. En el caso de los católicos, el porcentaje llegaba al 36; una cifra muy elevada.
Sin embargo la idea predominante de lo que es la reencarnación es lamentablemente muy simplista: me muero y en un plisplás renazco. Si he sido bueno, renazco en un individuo mejorado (suele creerse que se renace es una familia mejor aposentada) y si he sido malo, en un animal de carga, una rana o en la mascota de alguien; quizás en el mejor de los casos en un ser humano que pasará por dificultades y sufrimientos, pero humano al fin y al cabo. 
Pero los entornos culturales, tanto del pasado como del presente que tienen la reencarnación como un eje vertebral de la transcendencia (Induismo, Vedanta, Budismo), nos muestra una idea de la misma, mucho mas elaborada y que empieza por la concepción misma de lo que es un ser humano. Fruto del Ocultismo, de los entornos antes citados y vehiculado todo ello por enseñanza transmitidas desde la antigüedad se desarrolla un cuerpo de enseñanzas renovadas e investigadas, algo más permeables a la mente occidental y que se aparejan tanto con los postulados de la antigua Grecia y Egipto como con lo que procede del Este. 
Estos conocimientos toman especial relevancia a partir del último tercio del siglo XIX con el nacimiento del movimiento teosófico. 
Es dificil entender los postulados de la reencarnación sin conocer la naturaleza del ser humano, de lo que realmente es y de quien realmente es. Su complejidad, la diversidad de principios que lo sustentan,
sus cuerpos más densos y más sutiles. Entender que es lo que muere y lo que permanece. 
Entender lo que es el karma y superar la simplicidad con la que habla la gente de esa ley, se hace prácticamente imprescindible para entender.
Demasiado extenso para hablarlo en un solo post. Quizás más adelante.

“Somos una ínfima parte de un todo; parte inseparable. Por la cual cosa conocer, es conocerse. No hay soberbia alguna (aunque algunos se empeñen en que lo creas) en pensar que somos dioses atrapados en una cárcel de carne.”