Preguntas

Mientras siga habiendo animales racionales a los cuales les sea más fácil creer que su origen es el resultado de un soplo divino sobre un poco de barro, que no el  fruto de un largo proceso evolutivo que incluye el tránsito por especies previas, sujeto a las dinámicas de prueba y error, acierto y desacierto constante, ese proceso continuará siendo más lento y doloroso de lo necesario; continuará siendo sobreabundante en errores y escaso en aciertos. 
En un determinado momento de esa larga cadena de acontecimientos evolutivos, la consciencia del yo y posteriormente la inteligencia, empezaron a manifestarse. Ese comienzo es indefinido y prácticamente imposible de determinar. Hay incluso quien piensa que los actuales niveles de inteligencia son solo una sombra, una insinuación de lo que realmente, como herramienta, debería ser. Debe llegar a ser.
La inteligencia evoluciona en función de los retos y demandas a las que se ve sometida. A más preguntas, más respuestas.
Por eso, algunos pensamos que cualquier pretensión, de verdades absolutas, de éticas encerradas en sí mismas, como muchas religiones proponen, son nefastas para nuestra naturaleza humana. El raciocinio, siempre crecerá a base de desarrollar preguntas y no a base de acatar respuestas.
Me gusta pensar que la inteligencia es la máxima expresión de lo vivo. Y si lo vivo se mueve, la inteligencia también debe hacerlo consecuentemente. A nadie se le escapa -a poco que piense- la plasticidad de la ética. No hay absolutos en la ética. La ética puede en determinadas circunstancias, estirarse como la goma de mascar. Pero eso no quiere decir nada más que como el resto de lo sujeto a evolución, también está sujeto a los procesos de acierto y desacierto. 
¿Fue ético matar a la perrita Laika y a los cientos de gatos, monos, ratones, moscas y otros insectos, en los primeros pasos de la carrera espacial? Algunos dirán que si; otros que no. ¿El valor ético sigue siendo hoy en día, igual que entonces? 
Sirva este ejemplo, para intuir el hecho de que respuestas contundentes no nos llevan a ninguna parte, mientras que las preguntas nos conducen a un acierto más afinado
Apostemos pues por las preguntas y  evitemos respuestas fundamentalistas.

 

Meditaciones

Mientras,  la vida se me escapa como lo hacen los fluidos por un manguito roto. Soy un dispositivo consumiendo su batería sin un cargador a su alcance. Soy una consciencia que no sabe hacia donde va a pesar de haber tratado de averiguarlo durante décadas; quizás a fundirse en el todo, quizás a desaparecer en la nada. 
Y en ese mismo tiempo volátil, contemplo el teatro del mundo desde un rincón  del escenario, interpretando el humilde papel asignado o quizás autoasignado, en ésta tragicomedia humana y tratando de permanecer hasta el cierre del telón y el comienzo del próximo acto… si lo hubiere.
Aceptación que no resignación. Más confianza  que esperanza. Agradecimiento y no pesadumbre. Luz y no obscuridad.
Y como siempre, decido dejar entreabierta, la ventana orientada hacia los vientos favorables, aquellos que llegan aromatizados con recuerdos de juventudes nunca olvidados. Vientos que también llegan con el olor de la sal mediterránea y el trigo recién cortado de los campos circundantes. Y son esos vientos los que balancean las cortinas. Cortinas de las ventanas y cortinas de la mente pendular que transita y oscila entre la calma y la ansiedad, entre la ilusión y la apatía. 
Es esa transición entre el otoño y el invierno de la vida. Cuando los días se acortan, no solo en luz, sino también en momentos y cuando esos momentos antes del anochecer adquieren relevancia.
Ya no es tiempo de perder tiempo. Es tiempo de sacudirse las necedades que nos rodean, las relaciones humanas estériles y abrazar las amistades verdaderas. Es tiempo de darse tiempo, incluso para lo más mínimo y aparentemente intrascendente. Lo dijo un sabio:

Mientras estés preparando un te, no lo bebas. Disfruta del aroma de las brasas.

Por eso me recuerdo a cada instante: no intentes recordar el mañana ni imaginar el pasado.

Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay

Sócrates y el móvil


👀Ojo !!Son 38 minutos y 30 segundos. 
Y además, va de Filosofía
Si eres de “esas” (personas) que no tienen tiempo, ni lo intentes. 
Pero ten cuidado, no fuera que llegase un tiempo en que no tuvieras tiempo para respirar.
Para mi es apasionante perder no esos 38 minutos, sino como tres veces más, solo,  deliberando sobreque haría Sócrates con un móvil. Y he descubierto que hay muchos Sócrates en Twitter.
Mucha suerte con… tu tiempo!

Creo que todos sabemos, más o menos, lo que es la Filosofia, pero es bueno recordarlo.


La edad de la inocencia.

Me ha parecido que el video de la anterior publicación (creo que hay que llamarlas así y no “post” o “entrada” que no consigo que dejen de sonarme raro) gustó a los amigos que tienen la bondad de visitar este cuaderno. Detrás de estos videos; el de hoy si cabe, aún me gusta más, está Andreea Petcu. Una ciudadana de Rumanía que es editora videográfica. Andreea colabora con diferentes artistas audiovisuales y sinceramente consigue con ellos auténticos poemas con imagen y sonido. 
Hoy este poema visual, musicado por Giovanni Marradi me evoca aquella edad de la inocencia perdida. Y no me refiero a la tuya o la mía, sino a la edad de la inocencia humana. Cuando éramos amigos de los animales. Cuando éramos capaces de conectar con la gestualidad de esos misteriosos seres de los cuales pretendemos saber, cuando en realidad no sabemos nada. 
Hubo un tiempo en que la humanidad era como esa niña que vemos en el video. Era un tiempo en que respetábamos el misterio de los seres vivientes; plantas y animales. Un tiempo en que incluso las piedras eran sagradas. 
Más tarde alguien confuso, tuvo la pretensión de que esa relación de igualdad, de sacralidad y respeto se llamaba animismo y lo catalogó como una forma de paganismo. Lo hicieron a partir de una autoridad auto atribuida, despótica y maligna. Que enorme daño han hecho las ideas mal entendidas de las religiones.
Deberíamos reencontrar esa mirada de inocencia. Respetar la naturaleza como respetamos a nuestras madres. Y para eso, y esto ya es una opinión muy personal, deberíamos convertir nuestra mente el único altar donde celebrar los sagrado. Y a los templos y altares de piedra, deberíamos  convertirlos en bibliotecas, porque el conocimiento es el único dios que necesita esas estructuras. Todos los demás dioses no necesitan nada y menos aún representantes y ministros.

La belleza

Recuerda siempre que aquello que tus ojos ven como hermoso, aquello que deleita a tus oídos y el placer que sientes cuando amorosamente acaricias la suave tersura del seno de la mujer que amas, es el fruto de la belleza. 
Recuerda el brillo de los ojos de aquel primer amor de juventud. El temblor ante el primer abrazo.
Recuerda la fijeza entre sorprendida y curiosa, de la mirada de tu retoño descubriendo a su padre, cuando aún siquiera balbucea sonidos incomprensibles que quizás su madre sí comprenda. Recuerda la emoción que te produjo; es el fruto de la belleza. 
Recuerda como ante el esplendor de un paisaje, cierras unos momentos los ojos y la belleza te sigue embargando aún si verla. Es el fruto de la belleza. 
Y agradece a la vida la belleza que te acompaña. Sí, agradécela porque habita en tu interior.
La belleza no está en las formas, no vive en las texturas, ni en los sonidos, ni en los colores. La belleza solo es el modo en que percibes tu alrededor. La belleza está en los ojos que la contemplan, en el alma que tiembla de emoción al escuchar la melodía. La belleza es el papel regalo con que se envuelve la cajita de tus virtudes. En definitiva, tú, eres la belleza.