Cargarse de positividad

 

Para que negarlo; el año 2020 ha sido duro. Ahora todas las esperanzas parecen puestas en las vacunas contra la Covid-19, aunque también suenas voces que recuerdan que tan importante como la vacuna, es seguir con la investigación a fin de conseguir tratamientos eficaces para los que puedan ser infectados, que alivien las molestias y frenen los destrozos orgánicos a los que la infección puede llevar. 
No nos engañemos, seguimos en medio del combate, ganando alguna que otra batalla, pero muy lejos del final de la guerra.
Mientras, no olvidemos que pasar meses llenos de ansiedad, tristeza y soledad puede provocar fácilmente una espiral de negatividad de la que es difícil escapar.
El estrés crónico tiene la capacidad de ocasionar cambios en el cerebro. Acercarnos a la depresión y cuando estamos deprimidos, perdemos interés en hacer cosas que nos podrían hacer sentir mejor. Cosas edificantes y que ayudan
Para disfrutar plenamente de nuestras vidas en 2021, deberíamos romper con todos los hábitos destructivos que hemos ido adquiriendo y recuperar la energía vitalizadora.

Se me ocurren unas cuantas:

1. Ser servicial y amable con los demás
Hacer felices a los demás es una excelente manera de hacerte feliz a ti mismo.
Creo que lo sabes bien; pocas cosas ofrecen mas felicidad, que hacer feliz a otra persona. Desde un buen gesto de cortesía a una ayuda para solucionar algo. Trabajar con la sonrisa constantemente presente y una disposición colaboradora y alegre, simplemente te hará feliz. 

2. Hacer ejercicio
Las personas que hacen ejercicio también viven más. Una de las mejores cosas que puedes hacer para “reiniciar” tu cerebro es salir y tomar aire fresco durante un paseo, mientras corres o en una sesión enérgica de ciclismo. Fíjate que hablo de ejercicio, no de competición. Un poco de esfuerzo mas, del habitual hasta ahora. Dentro de tus posibilidades, pero con constancia. 

3. Come bien
El bienestar (de eso estoy hablando) lo determina el cerebro. Se ha demostrado que la falta de nutrientes puede conducir, a largo plazo, a daños estructurales y funcionales en el cerebro, mientras que una buena dieta está relacionada con una mayor eficacia cerebral. Pero, las dietas ricas en azúcares, grasas saturadas o calorías pueden dañar el funcionamiento de las neuronas. Por lo tanto, sea cual sea tu edad, recuerda mantener una dieta equilibrada, que incluya frutas, verduras y cereales. Edúcate en lo referente a tu alimentación. El solo hecho de hacerlo (educarte), potenciará tu autoestima.

4 Mantente socialmente conectado. 
Efectivamente, en estos tiempos pandémicos es más difícil. Tanto la soledad como el aislamiento social existen en todas las edades, géneros y culturas y han aumentado aún más con la pandemia de covid-19. Y lo malo es que sabemos que tiene efectos negativos en los procesos cognitivos y en el área de las emociones. 
Asegúrate de mantenerte al día con familiares y amigos, pero también amplía tus horizontes y trata de establecer nuevas conexiones. Incluso las “virtuales” son beneficiosas, siempre y cuando no se conviertan en las principales. Cultívalas todas.

5. Intenta aprender algo nuevo. 
No te voy a decir el qué. Aunque tengas tus aficiones de muchos años, aprender algo nuevo, no puedes ni imaginar los beneficios que llega a reportar, especialmente si ya empiezas a ser “veterano” o eres un auténtico “abuelete”. Un instrumento, juegos de magia, un idioma, jardinería, bonsái, dibujo o la cosa mas estrambótica que guardes en el cajón olvidado de las ilusiones. Adelante con ello! Es fabuloso.

6. Duerme bien, más y mejor.
El sueño es un componente esencial de la vida humana, sin embargo, muchas personas no comprenden la relación entre una buena salud cerebral y el bien dormir.
Mientras duermes, el cerebro se reorganiza, se recarga y elimina los subproductos de desechos tóxicos, lo que ayuda a mantener su funcionamiento óptimo.
El sueño es muy importante para transformar las experiencias en nuestra memoria a largo plazo, mantener la función cognitiva y emocional y reducir la fatiga mental.
El sueño también ejerce una fuerte influencia reguladora en el sistema inmunológico. Si obtienes la cantidad y la calidad de sueño óptimas, te darás cuenta de que tendrás más energía, un mejor bienestar y serás capaz de desarrollar tu creatividad y pensamiento. Y por si fuera poco, resulta que al dormir quemamos calorías.

Por último no olvides que todo esto, te hará sonreír más y mejor y tu sonrisa, créetelo, es muy importante. Ayuda a los demás mucho más de lo que puedas pensar.

Re-crearse

Re-crearse, reconstruirse, transformarse.

El término recrearse tiene dos acepciones (quizás más) en la lengua española. Una de ellas se referiría al hecho de disfrutar de una cosa, deleitarse, divertirse disfrutar con un fenómeno o cosa o en la realización de algo. La otra acepción posible tiene que ver con un acto sobre uno mismo y en el sentido constructivo y creador. Recrearse sería entonces equivalente a volverse a construir, volverse a hacer, editarse, cambiarse, transformarse, convertirse, etc.  Y es este último sentido el que le daremos al termino recrearse.
¿Qué harías si supieras ( y estuvieras convencido; que son dos cosas diferentes) que la mayor parte de nuestras decisiones y por ende, la mayor parte de nuestro actos, responden a estímulos que están mas allá de nuestra consciencia y que son respuestas a impulsos inconscientes que no controlamos?
Piénsalo unos instantes, porque a poco que profundices podrás llegar a la conclusión de que si tus actos son el resultado en gran parte de impulsos inconscientes, no estás muy lejos de lo que sería un autómata o más cerca de lo que crees de tu ordenador de mesa, que ofrece resultados por la simple razón de que obedece a programas. 
Nosotros no somos una computadora, pero en nuestra infancia, cuando nuestro cerebro apenas tiene capacidad de formar criterio, poca posibilidad de afrontar discusión, a lo sumo un berrinche, es cuando de forma pasiva vamos recibiendo nuestra programación. Sabemos de la gran receptividad de los niños y niñas. La interacción con los padres, la influencia del entorno, la escuela,  nos va generando un crecimiento psicológico, cultural y en definitiva un crecimiento como seres humanos. Pero al mismo tiempo, en esa época de gran receptividad es cuando se irán edificando en nuestra psique, los traumas mas importantes, miedos, fobias y los prejuicios mas fuertemente asentados.
De esa época temprana nos llegan la mayor parte de nuestras posibilidades, pero también y en misma medida, nuestras limitaciones. De esas influencias tempranas llega ese enorme racimo o espeso follaje de influencias que ocultan o no dejan expresar nuestra verdadera identidad, el tronco que somos y las fuertes ramas de nuestras potencialidades.
No vivimos en plena consciencia. No dejamos que nuestras capacidades se expresen y simplemente nos dejamos vivir, nos dejamos llevar por la corriente del existir. Nos limitamos a existir.
Y es tanto el acomodo que la inmensa mayoría de los seres humanos, ni siquiera son capaces aunque solo fuera por unos instantes, el plantearse si vive como quiere vivir o vive como le han dicho que tiene que vivir. Ni tan siquiera son capaces de ver aquello que les limita, de notar que los limitan y de donde proceden los límites. Es más cómodo el “a mi plim”  o el “me la bufa” al que aludía en un post pasado.
Dichoso el que despierta. ¿Es esto el despertar que mencionan las filosofías orientales? 
No lo sé, pero si sabemos que nuestra realidad está en el consciente, en la consciencia y que desde ahí, hay que luchar por mantener a raya “el programa” y cuando sea bueno y conveniente (casi siempre) escapar de él. No dejarle que dispare nuestros periféricos (a saber y entre otros, el buen juicio, la libertad, la interacción con el otro, etc. etc.)
Re-crearse. Actualizarse. Transformarse. Si, pero ¿Cómo se hace?
Aquí es, en mi modesta opinión,  donde mi amigo Josep Maria Llauger, el autor del artículo y que apareció en prensa el 28 de Septiembre del 2003 y que es la fuente de donde procede todo lo que estoy escribiendo hoy, afina, apunta y dispara con precisión. Lo traduzco literalmente:

Bien y ¿Cómo se hace esto de “recrearnos”? – Podríamos decir que este es el camino de la vida, ya que recrearnos no es un acto sino un proceso. No es algo que conseguimos de hoy para mañana, sino un viaje lleno de descubrimientos y lleno de logros. También lleno de renuncias puesto que nos tocará renunciar a muchos de los contenidos limitativos, esos que vienen de nuestra infancia y que desde la lucidez de la mente inquisitiva podemos ver que en este momento de nuestra vida, nos hacen mas mal que bien y que es preciso transformarlos en algo que en vez de bloquearnos, nos estimule y nos dote de la fuerza y el conocimiento para vivir con plenitud. 
Este es un camino de transformación hacia la libertad, anhelo supremos del ser humano, pues tenemos que comprender que habitualmente somos esclavos de pensamientos condicionados y que nuestras acciones son en mayor medida reactivas en función de contenidos que permanecen en nuestro subconsciente. La libertad no es un estado que tenga que ver con las condiciones externas, sino con las condiciones internas de la mente y la consciencia.
Y a medida que crece la consciencia y aclaramos los contenidos del subconsciente, nos liberamos de la esclavitud de las condiciones externas las cuales dejan de ser un factor de sufrimiento o confusión ya que habremos encontrado y establecido el centro de nuestras acciones, en nuestro yo más profundo; en la esencia,  que es nuestra auténtica identidad, siempre sabia, siempre luminosa, siempre incondicionada. 

Y sigue Josep Mª explicando algunas premisas:
Las condiciones previas para este viaje por el proceso de recrearnos son la auto aceptación, el auto respeto y la autoestima desde donde surgirá el autoconocimiento. De otro modo se produciría una represión automática, en el momento en que emergiesen en la consciencia, aquellos aspectos que no aceptamos de nosotros mismos  y de esta manera no podrían llegar a hacerse conscientes y por lo tanto no podrían ser transformados.
Comprensión y coraje, flexibilidad y fluidez son también condiciones necesarias para afrontar este proceso. Al re-crearnos tomamos definitivamente posesión de nosotros mismos en el mejor sentido de la palabra, puesto que conectamos con nuestra esencia y podemos expresarla.
Al conectar con nuestra esencia lo hacemos también con nuestras potencialidades y ellas contiene la llamada, el impulso y la energía para expresarlas plenamente en nuestra vida. Este proceso, esta dinámica, nos muestra momento a momento el sentido profundo de nuestra vida.

Y modestamente me permito añadir que no es un proceso fácil y creo entender que tampoco se trata de una competición con uno mismo. Los procesos introspectivos no son un maratón competitivo destinado a batir records de velocidad o algo parecido. Cada cual encontrará la medida de su éxito en este proceso de vaciado y remplazo. Cada cual llegará a donde pueda. El éxito (por llamarlo de algún modo), la culminación del proceso se consigue posiblemente aplicando aquella vieja filosofía de que un viaje comienza por un paso; pero un paso seguido de otro, contemplando el paisaje del camino y procurando que una pierna aliente a la otra, amablemente, persistentemente. 

Esta entrada está inspirada por y basa en un artículo de
Josep Maria Llauger
que ha autorizado la reproducción
de la mayor parte de los textos.

Niño! No se llora!

“El llanto hace menos profundo el dolor” 

William Shakespeare. 

Reprimir el llanto es una imposición que para nada es conveniente ni natural. Tiene que ver con ideas equivocadas que se maximizan en determinados entornos culturales y se incrementa mucho más cuando se trata de personas del género masculino. 
Especialmente a los niños se les bombardea frecuentemente con la estúpida frase de “los hombres no lloran
Nefasta sentencia que tiene muchas más implicaciones psicológicas de lo que se suele creer y que originará una represión insana de las expresiones emocionales en la época adulta.
Expresar las emociones, no solo es necesario; es conveniente, pero en algunas culturas, evitar esas expresiones es llevado a extremos enfermizos. Una de ellas, la cultura japonesa.

Así pues no es de extrañar que surjan iniciativas con acento terapéutico que traten de poner su grano de arena en liberar esa insana imposición. Y este es uno de los propósitos del método japones “rui-katsu“, que significa “buscar lágrimas”, mediante el cual una persona tiene la oportunidad y un lugar seguro donde poder llorar.

Hidefumi Yoshida, uno de los instructores del método, ayuda a la gente a liberarse de los estigmas culturales que restringen el dejarse llevar por las emociones.
Asegura que las lágrimas tienen un increíble poder curativo, reducen el estrés y hasta alivian el dolor.
Y las lágrimas no tienen que ser sólo de tristeza y aflicción, también pueden ser de felicidad, hermosura, amor y pasión.
Así que, ¡a llorar, que para eso existen los pañuelos!

Fuente original: BBC
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Con el psicólogo

Buenos días doctor, venía para ver si podemos comentar los resultados de los últimos test que me realizó. ¿Qué podemos comentar?
—Aquí los tengo Ricardo. Ciertamente veo que los meses de terapia han conseguido el resultado que esperábamos. Todo parece indicar una nueva predisposición en su dialéctica. Pausas correctas, tiempo de reflexión adecuado, predisposición a la precipitación inexistente. Parece que hemos conseguido el potencial psicológico que sin duda estaba latente en Vd. pero que no conseguía liberar.
Me alegra mucho lo que me dice doctor. Ha sido un largo camino. Han sido décadas de lucha con uno mismo y aunque usted sabe que se habían conseguido logros muy interesantes faltaba la guinda del pastel. Aprender a callar.
—Y en este sentido debo felicitarle. Lo habíamos comentado. Aprendemos a hablar en pocos años y aunque podemos ir perfeccionando a lo largo de la vida, lo cierto es que la suficiencia se alcanza pronto. En cambio, aprender a callar, a veces no se consigue en toda la vida.
Entonces, ¿cree Vd. que ya estoy preparado para debatir o incluso discutir?
—Por supuesto. Indiscutiblemente sí. Ahora cuenta, mi querido Ricardo, con la herramienta más eficaz: Saber callar.

Mitos

Los mitos son tan antiguos como el hombre. Muchas de las pinturas rupestres, que tradicionalmente se han interpretado como intentos de plasmar cotidianidades, escenas de caza y asuntos relacionados con las comunidades de aquel tiempo, en realidad esconden intentos de plasmar de una forma simbólica mitos ancestrales que estaban firmemente implantados en el pensamiento de aquellas gentes. 
Los mitos han servido y aún sirven para explicar cosas aparentemente inexplicables en cada momento de la historia del conocimiento, como la creación del mundo, el embarazo, la muerte, etc, y también sirven  para entender las emociones humanas.

La psicología (especialmente Jung) trabaja con los mitos, los dioses, las tragedias míticas, etc. El modo en que el individuo asume las mitologías desvela mucho de sus tendencias, inclinaciones y carácter en general. También los antropólogos estudian y comparan los mitos de diferente entornos culturales puesto que el mito es un reflejo de la mentalidad de un pueblo, de su sexualidad, de su manera de ver el mundo,  del modo en que ven el amor, etc. y a través de este estudio podemos comprender mejor su idiosincrasia.
Pero el mito, debe ser integrado en el conocimiento y nunca debería suplantar a la realidad de las cosas. Pocas cosas son mas importantes en la psicología de la persona, como su capacidad de quitar el velo que oculta el conocimiento de las cosas. El velo, es aquí, el mito que no permite ver la realidad de las cosas. Solo pondré un ejemplo:
Tradicionalmente se ha dado por cierto, que la menstruación de las mujeres, su ciclo menstrual, estaba influenciado por la Luna. Aún hoy en día hay un porcentaje enorme de convencidos, cuando en realidad no tienen nada que ver. El ciclo menstrual de la mujer, sabemos que es variable y que oscila entre 21 y 35 días, además del hecho de que cambia o puede cambiar a lo largo de la vida. En cambio la Luna tiene un periodo (lunación) exacto e invariable de 29,53 días. 
Sin embargo el mito persiste. El mito que además se extiende, afirma que la mujer está sujeta a la influencia selenita.

Va venga… otro más y ciertamente extendido:

Los seres humanos, solo usamos el 10% de nuestro cerebro. ¿Quien no ha oído esta afirmación?

Si bien algunos políticos no llegan ni a eso, lo cierto es que este mito quizás se popularizó debido a que nueve de cada diez células en el cerebro son lo que se denomina neuroglias o células gliales, que son células de apoyo y proveen asistencia física y nutricional al otro 10% de las células, las neuronas, que son las encargadas de “pensar”. Los neurólogos afirman que, en realidad, el ser humano utiliza prácticamente el 100% del cerebro para realizar cualquier actividad. Y no solo eso, sino todo el sistema nerviosos!! 

Desde el punto de vista evolutivo, el mito de que sólo usamos el 10 por ciento de nuestro cerebro no tendría cabida, ya que si de verdad no se utilizara el restante 90% del cerebro, sencillamente no tendría sentido la existencia del ser humano, dicho de otro modo, no habríamos bajado de las ramas de los árboles.
El neurólogo y neurocientífico Barry Beyerstein (en inglés) detalla que la mayor parte del día utilizamos casi el 100% de nuestro cerebro, incluso mientras dormimos. “Si no usáramos el 90% de nuestra mente, nuestro rendimiento no debería verse afectado cuando se lesionan ciertas áreas del cerebro”, argumentaron.
Sobreabundan los mitos de origen religioso, pero no son los únicos
¿Cuales son los mitos que has superado?

Cariño mio.

Cariño, aprovecha hoy, porque a partir de mañana nos quedaremos en casa.
No quiero que cojas el Corona virus.

A veces pienso que el comportamiento humano es de los más extraños que podemos encontrar en todos los reinos del planeta; animal, vegetal o mineral. Y me pregunto donde estará la cúspide de la curva de Gauss de la evolución humana, si es que ésta tiene una curva o campana de Gauss aplicable.
Soy incluso capaz de aceptar este comportamiento que al fin y al cabo no perjudica a nadie, pero disto mucho de entender y más aún de imaginar que circunstancias pueden ocasionar el hastío hacia sus semejantes al punto de preferir convivir y llegar a sentir afectos y pasiones por un pedazo de silicona. Que puedo decir…
Me mueve a compasión. 
No! la muñeca, no; el “usuario” 

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La historia, aquí