Un poco de mi


En el cosmos interior (1985)

Dicen los astrólogos humanistas, los que no pretenden hurgar en el futuro, sino en las características psicológicas de los individuos, que los tránsitos de los planetas sobre los puntos importantes de la carta natal de los individuos muestran cambios también importantes en su desarrollo, formación, crecimiento o evolución (o como más te guste llamarlo).
Dicen que uno de los tránsitos importantes es el que ellos llaman el retorno de Saturno; es decir, el tiempo en que Saturno vuelve a ocupar el lugar en el Zodiaco, que ocupaba en el momento de nuestro nacimiento. Y eso ocurre siempre alrededor de la época en que cumplimos entre 29 y 30 años más o menos. Eso es lo que tarda ese planeta en dar una vuelta completa alrededor del Sol. (29,4 años)
Los astrólogos para intentar prevenir que tipo de cambio representará esa época en la persona ya adulta, investigan con su ayuda, como fueron las fases de crecimiento personal en los tránsitos intermedios. Así miran episodios de la vida del individuo a sus siete, catorce y veintiún años más o menos. Y tienen en cuenta, en base a sus teorías empíricas otras variables. 
Confieso que en un tiempo sentía una cierta fascinación por la Astrología, al punto de que quise saber un poco más y cursé durante tres años. Llegué a una conclusión fatal: Todas las interpretaciones están siempre teñidas por el inevitable filtro psicológico del interpretador (el astrólogo) y al mismo tiempo también llegué a la conclusión de que quizás pueda ser de cierta utilidad para un psicólogo, que verá, analizará e interpretara “como reaccionas tu a las interpretaciones astrológicas que te presenta. Eso le dirá cosas de ti. Pero nada mas; no concluyo que sea nada fiable. 
Pero… todo tiene un pero: Algunas cosas me siguen fascinando y asombrando. 
El retorno de Saturno, debe tener tanta fuerza simbólica que siempre cumple expectativas sobre su interpretación. Pondré un solo ejemplo para no alargar esta cháchara: Jesucristo, empezó su vida pública podo después de sus 29,5 años de edad. Dice la Biblia que estuvo en Egipto alrededor de su época de transito llamado cuadratura, (entre los doce y catorce años).  
En mi Saturno retornado ocurrieron cosas muy “de peso”. Mi vida cambió a partir de los 28 acercándose el retorno: Empezaron los problemas de convivencia con mi mujer. El matrimonio ya no era lo que debía ser y aunque no hubo separación y divorcio hasta más tarde, el cambio fue fundamental. En esa época, también tomé otra decisión que provocó mucho cambio y madurez en otras áreas del crecimiento personal: Dejé mi trabajo para abrir mi primera tienda de fotografía y dedicarme exclusivamente a ese mundo profesional. 
Y finalmente otro cambio fundamental fue el contacto con la meditación. Y tuve la enorme suerte de conocerla en un aprendizaje que comenzó a los veintisiete años y durante tres años de la mano de un buen profesor (Dios me libre de llamarlo maestro; que me mata) y amigo. Con altos y bajos, pero ha formado parte de mi vida desde entonces. Algo que creo que deberé agradecer por eones.
Pero Saturno no se para en su primer retorno. Sigue transitando. En otro tránsito de Saturno, esta vez una cuadratura, me casé de nuevo e incluso estuve en un periodo, cercano y convencido a una religión. Y podría seguir con el señor Saturno y como ha ido marcando acontecimientos en mi vida y sus cambios. Diagnóstico y tratamiento de un cáncer en otra cuadratura y no sigo porque se acerca otra y no quiero hacer cábalas. 

Conclusión: 
Pero bueno Ricard ¿tú crees en la Astrología?
—No. No creo ni en la Astrología ni tengo ninguna clase de fe, religiosa. No creo en mitos, ni dioses ni en mancias. No creo en agoreros, ni adivinadores de porvenir. No creo en nada que no sea demostrable con hechos empíricos. Pero, mucho cuidado, lo contemplo todo. Prefiero la confianza a la fe. Y esa confianza incluye esa inquietud universal sobre la transcendencia y el más allá. En realidad no sabemos absolutamente nada, sin embargo creemos saber muchas cosas. En cualquier caso pienso que puedo hacer dos cosas: negarlo absolutamente,  como hacen algunos con una firmeza que a mi se me antoja pura soberbia o vivir confiado en que aquello que no está a mi alcance ya se presentará en su día. Y como me gusta decir: nadie habrá para burlarse de los creyentes diciéndoles — ¿lo ves? estabas equivocado.— 

Mientras viviré, como siempre decía mi madre, que lo resume de forma insuperable: “como es debido”

La despedida del abuelo Última parte

viene de los anteriores: Parte uno | Parte dos | Parte tres

Las jornadas suceden alargándose cada día un poco más y el momento de la fresca del atardecer sería el ideal para seguir hablando de las cosas del espíritu en el patio, pero Omar, en estos meses ha tenido una evidente caída de energía. Dicen los doctores que observan una reducción del riego sanguíneo debido a que las arterias empiezan a dar señales isquémicas. Kilian siente mucha preocupación desde que los médicos informaron de que a esa edad no veían viable una operación. Omar se apaga.
Al mismo tiempo “la bolita” de Ares tiene ya una redondez digna de un planeta. Harut ( el futuro y nuevo Kevorkian) está llamando a la puerta de la vida. 
Omar se apaga sí, pero su carácter no. Se cansa y su conversación ha perdido dinamismo, pero no profundidad. 
Esta tarde han decidido cenar los cuatro juntos en la mesa de teka. Ares ha preparado unas deliciosas ensaladas y dispuesto la mesa con velas para ahuyentar los insectos.  Maia, hija de Omar y por lo tanto tía de Kilian, soltera incorregible, se ha unido a la fiesta. 
Como era previsible la conversación después de la cena, se dividió en dos grupos: Maia y Ares centraban sus argumentos en el embarazo y el más que inmediato nacimiento de Harut. Kilian y Omar, después un breve paseo por la actualidad armenia, condujeron sus intereses hacia la transcendencia; la gran inquietud de Omar y su necesidad de transmitir a su nieto sus conocimientos.

Fotografías del Lago Sevan (Google)

—Si si, abuelo, pero te recuerdo que me has ido postergando el tema de las skandas. Me tienes inquieto con eso— le dijo mientras hacia los ademanes de servirle un té.
—No Kilian, no me sirvas té. Solo un poco de agua que no esté fría y hablaremos de los skandas.

Las mujeres se fueron al interior. Maia había traído cosas para el bebé. 

—Te acuerdas de lo que te dieron cuando te fuiste al servicio miliar. ¿Te acuerdas del petate?—preguntó el abuelo.
—Por supuesto que me acuerdo, no me pude librar de él en todo aquel tiempo—respondió Kilian.
—Exacto, pues algo así son los skandas. Una bolsa simbólicamente hablando que contiene tanto las buenas como las malas tendencias de todo tipo que nos acompañan en esta vida y que son como un extracto de flores que nos dará el particular aroma del humano que somos. Ese extracto de flores que representan los aciertos y desaciertos de nuestras anteriores vidas, recolectadas en el jardín del karma. Son aquello que debemos corregir o perfeccionar volviendo a la experiencia corpórea, una y otra vez. Las skandas nos siguen muchas vidas hasta que somos capaces de superarlas y dejarlas atrás. Y se manifiestan pronto. Verás ciertas características en los comportamientos de tu hijo ya a los pocos días de su nacimiento. Solemos decir que son “nuestra forma de ser” y francamente, me parece acertado. 

—Mi violín tiene skandas —exclamó Kilian— La cuerda Sol tiende a desafinarse constantemente y a medida que toco. ¿Es algo así?
—Pues no es un mal ejemplo—dijo— Esas tendencias aparecen en nuestro comportamiento y por regla general las reconocemos y podemos corregirlas o bien dejarlas que sigan influyendo. Esto último hace que crezcan en intensidad. Observarse y meditar sobre los skandas reconocidos es parte del trabajo en el camino de la evolución espiritual. La próxima vez que compres un violín, seguramente prestarás atención a que no tenga esa “skanda” como la llamas. Es una analogía perfecta entre el músico y el instrumento y entre nuestra parte trascendente y superior y el instrumento o cuerpo que reencarna.

El abuelo Omar siguió hablando de “esas cosas” a su nieto, mientras pudo. En una de sus últimas conversaciones Kilian le dijo que estaba muy agradecido de que le hubiese enseñado la visión de otros pensamientos espirituales y que lo hubiera hecho cuando ya era un adulto y tras haber pasado ya alguna crisis importante en su vida. Kilian le explicó que por su parte, además de escucharle, se había procurado literatura relacionada y que ahora esta forma de entender la vida y su sentido, se había incorporado en su interior y que su mujer Ares compartía sus inquietudes. 
El abuelo tuvo que ingresar varias veces en el Hospital de Sevan y el azar quiso que en su último ingreso, coincidiera con el parto de Ares. 
El viejito, lloró como un niño cuando Kilian y Maia le llevaron al recién nacido para que lo conociera a las pocas horas de su alumbramiento. El nieto estaba exultante, pero al mismo tiempo se sentía muy preocupado por su abuelo.
Pero todo fue bien. Al día siguiente Ares y Kilian pudieron irse para la casa mientras que Maia, la hija de Omar, permaneció con él todo lo que pudo. 
Dos días después ya estaban todos en la casa. El abuelo estaba relativamente bien. Todo parecía ir redondo. 
No obstante la salud de Omar se iba apagando como una vela en su lámpara. 
—Este niño es precioso Ares; no te puedes imaginar la alegría que me produce verlo aquí en su cunita a mi lado.
—Se parece a ti abuelo —le dijo Ares, seguramente para animarlo y darle cariño. 
—Es el fruto de un milagro. Que dos almas se conocieran a pesar de lo largo que es el tiempo y lo ancho que es el espacio; Kilian y tu y que vuestro amor fructificara en esta preciosidad.

Ares se quedó pensando y al cabo de un momento dijo —Pero antes, el milagro fuiste tu y la abuela y otro montón enorme de milagros. ¿Es así abuelo?

—Si, así es niña, el eterno y misterioso milagro de la existencia. El que nos regala la vida y nos la reclama.

Fueron sus últimas palabras. Omar cerró los ojos después de mirar una ultima vez a su biznieto. Dormitaba y al cabo de unos instantes, su corazón dejó de latir y el abuelo se fue plácidamente.
Ares, ocupada con su hijo, ni siquiera se dio cuenta. Su rostro emanaba una expresión de paz muy alejada de cualquier rictus de dolor. 

Sus cenizas fueron esparcidas, en un lugar cercano al cementerio de las cruces. El viento llevó parte de ellas hasta las orillas del lago Sevan

La despedida del abuelo. Parte Tres

 Episodios anteriores:  Parte Uno  |  Parte Dos

Kilian se dijo hacia sus adentros que en alguna ocasiones había sopesado la posibilidad de la reencarnación. En su mente tenía una especie de ensalada conceptual compuesta por ideas sobre la metempsicosis, la transmigración, los renacimientos y la reencarnación. Y ahora con sus charlas con Omar, no le quedaba más remedio que aceptar la fascinación que sentía por el tema. La convicción con la que hablaba su abuelo tenía mucho peso en esa fascinación
—Pero dime abuelo, ¿Como funciona? ¿Te mueres y te metes en otro cuerpo, o como va eso?—
El abuelo sonrió, se revolvió en su silla de mimbre y calmadamente expuso.
—La reencarnación no funciona. No es un aparato Kilian. La reencarnación es un suceso. Y los sucesos generalmente forman parte de una cadena de sucesiones, de un proceso. Y como te dije el otro dia, trás la muerte física, deviene un periodo transitorio que tiene dos grandes partes. La primera (Kâma-Loka) comienza por asumir la nueva situación o estado. Es el abandono de un cuerpo físico y progresivamente ir completando un desvanecimiento de la vitalidad corpórea, el cuerpo astral, los deseos y apegos y las formas de la mente concreta; no así la mente superior que al liberarse de las partes groseras, ( a esto, la doctrina oculta lo llama “segunda muerte”) va adquiriendo progresivamente la capacidad de situarse en otro estado, el que  se conoce como Devachán.

—Ahora si que veo que es un proceso de sucesiones. Qué interesante! Aunque tiene un algo de inquietante—dijo Kilian—Y ¿esto es muy largo?—preguntó.
—Verás, después de años de estudio no he llegado a una conclusión fija. Diferentes tradiciones lo enfocan a sus respectivos modos. La tradición tibetana en el Bardo Thodol, habla de 49 días, . Otras piensan que no es un periodo concreto y que depende de cada personalidad (persona) descarnada. Además está el tema, creo que muy importante,  de que se ignora como es la percepción del tiempo (suponiendo que haya alguna percepción). Lo importante es centrase en la idea de que es un periodo transitorio para alcanzar lo que en el cristianismo llamáis “el cielo” es decir, el Devachan.

—Devachan; es la segunda vez que lo mencionas. ¿El cielo dices? Pero el cielo que me han enseñado, es para quedarse, no para reencarnar. Cuéntame

Las risas del abuelo consiguieron que los pájaros replicaran en las jaulas de la esquina del jardín.
—Noo, querido nieto, no —negó con contundencia— Ésta es la parte principal de toda esta sucesión. Hay sistemas de creencias que se basan en el premio y el castigo, pero ¿por qué razón debía ser así?  Como te he dicho estamos ante un proceso kósmico (con k) cíclico y eterno. No hay nada que castigar ni nada que premiar. Lo que hay es un ciclo que cumplir; somos una salpicadura del basto océano en una tormenta eterna. Gotas temporalmente separadas por un pequeño tiempo que vuelven a fundirse en la inmensidad de las aguas. 
— El Devachan entonces?
— Literalmente significa La “morada de los dioses”. Un estado intermedio entre dos vidas terrestres, en el cual el Ego (Atmâ–Buddhi–Manas, o sea la Trinidad hecha Uno), nuestra parte más elevada, espiritualmente hablando, entra (se sitúa), después de su separación del pequeño ego y de la desintegración de los principios inferiores trás la muerte del cuerpo en la tierra. [Devachan es el nombre que en lenguaje teosófico se da al cielo o mansión de bienaventuranza, y literalmente traducido significa: morada resplandeciente o mansión de los dioses. 
En ese lugar (estado) no hay dolor, no hay sufrimiento y tanto su duración como aquello que finalmente ocurra depende del análisis que uno mismo hace de todas sus vidas anteriores (que pueden ser muchas o pocas, cada cual en su instante evolutivo). En ese lugar se procesan y reafirman las virtudes acumuladas y aprendidas en el mundo, en ese lugar se descansa y en ese lugar finalmente pueden ocurrir dos grandes cosas: La más frecuente es que en un momento dado comience a reavivarse el deseo/necesidad de volver y la menos frecuente que alcances la fusión eterna con lo divino y ya no vuelvas a renacer. Pero también hay una tercera posibilidad, que consiste en que decidas volver sin necesitarlo, solo y simplemente para ayudar a los demás en su camino evolutivo. Esos son los conocidos como Bodisatvas y también como Mahatmas o “almas grandes”
—Entonces, ya veo que no es un lugar para quedarse. ¿Lo entiendo bien?
—Efectivamente, así lo entiendo. Y es así porque entiendo que los que alcanzan el estado supremo, ya no están en Devachan. Son uno con todo. No están sino que son.
—Bien, pero entonces ¿de qué depende la duración en el Devachan?
—Sin olvidar que la percepción del tiempo puede ser muy diferente o inexistente y por regla general, cuanto más mundano se ha sido en la vida, cuanto más apego por lo material ha habido, menos tiempo se pasa en esa morada de los dioses. El deseo/necesidad de volver surge rápidamente.  Algunos afirman que incluso el más terrible de los asesinos, tiene su tiempo allí.

—Vale! Decides o aceptas que necesitas volver o como sea. ¿Qué es lo que pasa entonces?
—Entonces tu parte más esencial, llámala mónada, alma, espíritu o como quieras es atraída hacia una fecundación humana y comienzas un ciclo vital de nuevo. Seguramente por enésima vez. Pero otro día tengo que hablarte un poco de algo muy interesante: los (las) skandhas
—Uy! eso suena feo..

—Si— repondió, pero lo hablaremos otro día. Ahora estoy cansado.

continuará (epílogo)

La despedida del abuelo. Parte Dos

 …/viene del anterior post-parte uno.
Han pasado dos meses desde que el patriarca de la familia, el anciano Omar comentó con su nieto querido, los vislumbres que de forma repetida y no provocada, aparecían en su mente. Según él, eran un anuncio procedente de las entidades mayores que le recordaban que su vida se acercaba hacia el inevitable tránsito. 
En la hoja del calendario hecho a mano, en una hoja de papel de arroz, sobre las ringleras de números y a modo de encabezado se puede leer la palabra armenia Ապրիլ  (Abril). Y es que los Kevorkian que así se apellida esta familia,  son armenios y viven en el pueblo de Sevan, a las orillas del lago del mismo nombre.
Desde generaciones la familia de la rama patriarcal profesa la religión cristiana ortodoxa (Iglesia Apostólica Armenia) pero ya en su juventud Omar daba muestras de otras inquietudes. Se acercó a la Fe Bahá’í (bahaísmo) pero no cuajaron en él los mensajes del Bab y Bahá’ulláh. (Aún hoy, es una religión poco extendida en Armenia).  Después de vicisitudes variadas, conoció la Doctrina Secreta  de Helena Blavatsky y se afirmó como eterno estudiante de Teosofía. Pero él suele decir que es un creyente que está sentado en una silla nazarena (cristianismo), donde se protege del frío con una manta persa (bahaísmo) a la luz de un lámpara rusa (Blavatsky).  En la puerta de su casa, se puede leer grabado en la madera “Estudio, meditación y servicio”
Desde la anterior charla con Kilian, a transcurrido el final del invierno y la salud del anciano se ha visto afectada. Está delicado, pero es incapaz de dejar de tomar sus baños de sol, abrigado por capas y chales de lana que le dan el aspecto que tiene un gran paquete sobre la vaca de un coche de un marroquí camino de su pueblo. Sentado en el rincón favorito, donde toca el sol y al lado de su mesa de teka (regalo de bodas 70 años atrás), Omar tiene dificultades para gestionar el libro que está leyendo, cosa que se complica mucho con el manejo de la lupa sin la cual no podría y los chales de lana que se le escapan por los costados. 

— Abuelo! ¿quieres galletas con el té? — Es Ares, su nieta política gritando desde la ventana que da al patio interior de la casa.
—Nooo bolita! Ni galletas ni azúcar. —

Ares es de pequeña estatura y la gran barriga de su embarazo dispara el humor del viejo que la llama bolita. Pero finalmente es Kilian el que le sirve el té y se dispone a su lado con claras intenciones de charlar un buen rato.
—Hola abuelo, ¿como estamos hoy?

— Te diría que bien, pero para que mentir. Me duele todo incluso la sombra — respondió acompañándose de una carcajada. Y es que el abuelo siempre ha sido de risa fácil, pero en honor a la verdad, cada vez le cuesta más.
 
—¿Sabes? Ya tenemos el nombre de tu biznieto. Se llamará Harut. (el que amanece, el que viene)

—Cómo que se llamará! Se llama Kilian, se llama. Está vivo y ya le has puesto un nombre. Ya lo debes usar. De hecho está bastante mas vivo que yo. Pues bien, esperemos la buena llegada de Harut a este plano de existencia.
No se escuchó pero en la mente de Kilian se hubiera podido leer aquello de “mira que eres piojo a veces”…
—Estaba pensado que días atrás me prometiste que me explicarías eso de la muerte y la reencarnación. ¿Es un buen momento?

Kilian sabía que él tenía necesidad de hablar de esos temas porque con razón o sin ella, los sentía próximos y de ese modo se descargaba. Al mismo tiempo, sentía curiosidad por lo que ese viejo que llevaba décadas sumido en los estudios de las Escrituras Antiguas, le podía explicar.
—Efectivamente, te lo prometí, pero sinceramente estaba pensando más en mi, que en desvelarte conocimientos. Y lo digo porque espero que entiendas que una vez me vaya, necesitaré que recuerdes estas cosas. Me hará bien que las recuerdes. 
—De acuerdo abuelo, aunque no veo como que yo recuerde cosas te puede hacer bien—replicó.

—Lo primero que debes saber es que cuando los médicos os digan que estoy muerto, no será del todo cierto. Aunque las máquinas no registren ningún tipo de actividad, ni siquiera cerebral, una parte de mi no estará aún muerta. Es más, probablemente pensará que está soñando. Entonces tendrás la oportunidad de demostrarme tu amor susurrando en mi oído derecho que efectivamente estoy muerto, que vosotros seguiréis bien y que siga buscando mi camino. Debes saber que esto forma parte incluso de los rituales postmortem en la cultura tibetana. En esos momentos todos los que fallecemos pasamos un tiempo indeterminado de incerteza e inseguridad que se va arreglando a medida que vamos aceptando lo que ha ocurrido.
—Pero…¿esto lo dices convencido abuelo?

—Por supuesto que si querido nieto y como comprenderás, llevo tiempo pensando en ello. No me angustia porque sé que ese desasosiego de los primeros momentos del tránsito, que como te digo tiene una duración diferente para cada cual, no es angustioso y además otros descarnados, fallecidos antes que uno mismo, vienen a tranquilizarte y dirigirte. Hablan de esto, los que dicen haber experimentado una ECM (experiencia cercana a la muerte). Aunque no es exactamente lo mismo, se parece.
Ahora Kilian se siente atrapado por un curiosidad aún más intensa. El abuelo, calmado y sorbiendo su té, sigue su discurso.
—Sé que es inevitable que se produzcan llantos, dolor emocional y luto, pero debes saber que estas cosas son las que menos necesita el difunto. Muy al contrario, lo mejor que se puede hacer por él es intentar (y digo intentar, aunque lógicamente sería mejor conseguir) vivir el suceso con total normalidad, pensando que forma parte de la condición humana y que solo es un pasito mas en el largo viaje de la existencia.  Esto evita un ruido en el más allá, en el tránsito y facilita que el traspasado pueda acometer el trabajo que debe acometer ahora.
—Pero, no entiendo.Todo esto ¿dónde sucede? ¿en el Tanatorio?
—No sucede en un lugar. No vamos a un sitio, sino que nos situamos en un estado. En ocasiones lo llamamos plano, pero yo prefiero estado. Tiene nombre: Kâma–loka. Así lo llama la Doctrina esotérica.  Podríamos establecer una analogía con una mezcla de limbo y purgatorio cristiano, aunque no lo digo muy convencido. En definitiva es un estado donde la parte más grosera de nuestra mente donde se establecen los deseos y pasiones se va diluyendo poco a poco, por “agotamiento” según dice la tradición ocultista.

—La verdad es que como cristiano, todo esto se me hace un poco extraño, pero no te negaré que siento un creciente deseo de saber más. 
—Pues te diré que en el principio del cristianismo, la reencarnación era una creencia formal. Justiniano la borró del paquete de creencias. Tu mismo puedes investigar sobre ello. Y además, como he dicho antes, todo esto te lo cuento no para convencerte de nada, sino en previsión de que en mi momento crucial, respetéis mis creencias y las tengáis en cuenta. Tu, querido Kilian, sigue a tu corazón; él ha sido, es y será tu mejor maestro y depositará en tu corazón aquello que más te convenga. 

Imagen de Clker-Free-Vector-Images en Pixabay

La despedida del abuelo. Parte Uno

 

Pero como dices eso abuelo! ¿Por qué insistes en saber que te vas a morir?
Kilian estaba cansado de escuchar a su abuelo insistir en sacar el tema en cualquier conversación que tuviera lugar entre ellos. El anciano, a sus noventa y un años de edad recién cumplidos, parecía realmente tener setenta. Estaba relativamente fresco y ágil. Seguía viviendo solo aunque ya se ocupaba exclusivamente de su pequeño jardín, de su gato y de alguna tarea sencilla del hogar. El resto, como las compras y posibles gestiones corrían a cargo de su hija que le visitaba tres veces por semana. Maia -la hija- se ocupaba también de pagar a una mujer joven que se ocupaba de la limpieza general de los bajos donde vivía el anciano. En el piso superior vivían Kilian y su pareja Ares, embarazada de cinco meses.

Omar, el abuelo, soltó una carcajada. Dejó las tijeras de podar encima de la mesa de teka y con un gesto ceremonioso, invitó a su nieto a que se sentara a su lado.
—No te enfades Kilian. No me pongas esa cara irritada y piensa por un momento que hablar de estas cosas es un signo de madurez —dijo con voz calmada y sin apartar su dulce mirada, para nada triste, de la de su nieto.
—Y tu eres un hombre maduro —prosiguió— Alguien que pronto tendrá un hijo; alguien que ya sabe lo que es perder un padre. No te puedes ni imaginar lo que duele perder un hijo. Ojalá jamás lo tengas que sufrir. Eres un hombre maduro que compartió conmigo el dolor de la pérdida. Padre para ti; hijo para mi.
Kilian, quedó empapado de la emoción del momento y asintió con un gesto. Después simplemente rozó una de las manos del abuelo a modo de caricia y siguió dispuesto a escuchar lo que el anciano Omar deseaba explicar.
—Soy un alma vieja, Kilian. Mi espíritu ha ido encarnando en multitud de trajes de carne durante milenios y muchas veces. Quizás por eso y no sé como, pero algo en mi recuerda  pequeños vislumbres que me anuncian que llega el momento de abandonar este traje que habito. Ocurre que en vez de ser un vehículo, ya se está convirtiendo en una carga. 

Abuelo, también yo tengo inclinación a creer en la reencarnación, pero dime ¿y como son esos vislumbres? 
—Llegan cuando menos espero. Son destellos de la memoria de momentos precisos de mi vida. Otras veces ya los había tenido pero apenas me demandaban atención. Ahora no; ahora es como si me invitaran a una reflexión que no puedo evitar y noto como la parte mas noble de mi mente, pondera esos recuerdos, los valora y me pone frente a la conciencia su bondad o la falta de ella. 
Veo con una precisión inaudita, episodios de mi infancia, de mi juventud y percibo como se concatenan con otros de modo que descubrir la relación que tienen unos con otros.  Me asombra como a veces, me producen tristeza pero sin llegar provocar arrepentimiento. Se queda solo en la sensación de pena por no haberlo hecho mejor. No sé explicarme mejor pero no es arrepentimiento. Quizás porque ya lo hubo en el pasado más cercano al hecho en cuestión… no sé.
Pero, también debe haber recuerdos de cosas agradables, creativas o positivas, ¿no?

—Si, las hay, pero es como si no tuvieran el peso suficiente como para ser reflexionadas. Llegan, producen unos momentos de bienestar y se van. 
Y todo esto ¿quiere decir que te vas a morir? La verdad abuelo, no lo veo por ningún lado —replicó Kilian lo cual provocó otra carcajada del anciano
—Jajajaja!!  Eso quiere decir que eres joven. Es normal que te cueste aceptar mis cosas. Me conformo con que me sigas escuchando. Seguiremos y no te preocupes, será el hijo que estáis esperando el que me dará permiso para irme. ¿Como iba a hacerlo sin conocerle antes? Mientras tanto seguiré hablando contigo… y con las plantas que saben escuchar y nunca interrumpen.
Kilian abrazó a su abuelo y le susurró al oído.

 —Hasta mañana.Te dejo con las plantas. Y sí, me gustará seguir hablando contigo, así que no te mueras o te mato. 

Conocer es conocerse.

El aforismo de los aforismos; la reina de las sentencias:

γνωθι σεαυτόν

gnóthi seautón

temet nosce

conócete a ti mismo

Situado en el pronaos del templo de Delfos, es atribuido por las diferentes tradiciones, a mentes tan ilustres como diversas, como puedan ser las de Heraclito, Tales de Mileto, Sócrates, Pitágoras, etc.etc.
Para unos, sugerencia, para otros orden, para muchos sabio consejo. Su profundidad tiene la dimensión que tu disposición a bucearla le quiera otorgar. Y quizás por eso también los hay  quien piensan “que procede del cielo” directamente. Y cuidado a los que están sonriendo ante esta afirmación; no se olviden de que el mayor porcentaje de su creencia personal, procede hipotéticamente de “libros relevados”. Así que seamos humildes (y sabios a la vez) y aceptemos el paisaje de alternativas, no solo de esto, sino de muchísimas cosas más. 
Conocerse a si mismo, es una labor de mucho tiempo y posiblemente de muchas vidas. Ya el mero hecho de entender la propuesta no es cosa fácil. ¿Qué es conocer? ¿Qué es sí mismo?
Nuestra educación, recibida en la niñez conserva a lo largo de la vida un potencial de influencia que dificulta en gran manera objetivar el estudio de otras posibilidades. Y esto es así al punto de que muchas veces, leer otras opiniones llega a ofender a creyentes circunscritos en su credo, o a sonreír a no creyentes, sean ateos, agnósticos o simplemente negacionistas de todo.  No obstante, si uno desea seguir esa ruta del conocimiento de uno mismo, debería superar esa barrera limitadora y abrirse a otras posibilidades, por muy “exóticas” que le puedan parecer.
Pongamos un ejemplo: La reencarnación.
Con la llegada de la New Age, se popularizaron las formas de espiritualidad y religiosidad orientales y en ese paquete llegó una revitalización de las ideas reencarcionistas. A mis amigos lectores seguramente les sorprenderá el dato de que aproximadamente un 20% de los españoles que se declara creyentes católicos aceptan la posibilidad de la reencarnación sin confundirla con la resurrección anunciada para el llamado juicio final. Y también, una encuesta publicada por el Pew Research Center en 2018 indicaba que un 29 por ciento de cristianos en los Estados Unidos acepta la reencarnación como algo cierto. En el caso de los católicos, el porcentaje llegaba al 36; una cifra muy elevada.
Sin embargo la idea predominante de lo que es la reencarnación es lamentablemente muy simplista: me muero y en un plisplás renazco. Si he sido bueno, renazco en un individuo mejorado (suele creerse que se renace es una familia mejor aposentada) y si he sido malo, en un animal de carga, una rana o en la mascota de alguien; quizás en el mejor de los casos en un ser humano que pasará por dificultades y sufrimientos, pero humano al fin y al cabo. 
Pero los entornos culturales, tanto del pasado como del presente que tienen la reencarnación como un eje vertebral de la transcendencia (Induismo, Vedanta, Budismo), nos muestra una idea de la misma, mucho mas elaborada y que empieza por la concepción misma de lo que es un ser humano. Fruto del Ocultismo, de los entornos antes citados y vehiculado todo ello por enseñanza transmitidas desde la antigüedad se desarrolla un cuerpo de enseñanzas renovadas e investigadas, algo más permeables a la mente occidental y que se aparejan tanto con los postulados de la antigua Grecia y Egipto como con lo que procede del Este. 
Estos conocimientos toman especial relevancia a partir del último tercio del siglo XIX con el nacimiento del movimiento teosófico. 
Es dificil entender los postulados de la reencarnación sin conocer la naturaleza del ser humano, de lo que realmente es y de quien realmente es. Su complejidad, la diversidad de principios que lo sustentan,
sus cuerpos más densos y más sutiles. Entender que es lo que muere y lo que permanece. 
Entender lo que es el karma y superar la simplicidad con la que habla la gente de esa ley, se hace prácticamente imprescindible para entender.
Demasiado extenso para hablarlo en un solo post. Quizás más adelante.

“Somos una ínfima parte de un todo; parte inseparable. Por la cual cosa conocer, es conocerse. No hay soberbia alguna (aunque algunos se empeñen en que lo creas) en pensar que somos dioses atrapados en una cárcel de carne.”